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Inequidad, igual a violencia

Por Susi Pola (El nacional, 29 marzo 2011)

 

Si duda, en la República Dominicana, las mujeres, los niños y las niñas –mucho más que los hombres- mal vivimos en un sistema reduccionista, con desbalance de poder desde el género, la clase y todo lo que Ud. quiera agregarle, manteniendo a las dominicanas “en receso” ciudadano, mientras siguen el gasto millonario en convenciones ridículas y de lógica machista. Los millones entregados a los partidos políticos, se van a bolsillos particulares de militancias clientelares, sin que se apliquen presupuestos adecuados para prevenir violencias, pobreza y enfermedades a una población que languidece.

 

La semana pasada, volvió a publicarse en la prensa que la violencia intrafamiliar, compone uno de los tres delitos más frecuentes en el país durante el 2010, conforme las estadísticas de la Procuraduría General de la República, señalando que por orden de frecuencia y sometimientos, seguida de golpes y heridas, amenazas, abuso de confianza, estafa, homicidios, porte ilegal de armas de fuero y violación sexual, constituyéndose en los diez delitos más frecuentes del país. La Violencia intrafamiliar ocupa el primer lugar desde el 2009, manteniéndose en 2010 y en este primer trimestre de 2011, la percepción y proyecciones, señalan que continua adelante con ventaja, una preocupación que debe ser nacional y del poder que no reacciona.

 

De acuerdo a la Procuradora de la Mujer, Magistrada Roxana Reyes, un 60 a 70% de las mujeres que viven en violencia doméstica, no denuncian sus casos y mantienen cifras mayores escondidas que agravan el problema y que arrojan un aumento de feminicidios inquietante para un país pequeño como el nuestro. Alarman las violencia contra niñas y niños, con incremento de violaciones sexuales, incesto, abusos sicológicos, tantas veces minimizadas o invisibilizadas, en que se mantiene a los/as menores dominicanos/as, siguiendo objetivos perversos que gratifican y favorecen a las personas adultas ejecutoras, que también debe constituirse en una preocupación nacional. Hay que recordar al padre que utilizaba a su hijo de solo cuatro años como mula, poniendo 30 bolsitas de cocaína en los bolsillos de su pantaloncito largo, para vender droga en Santo Domingo Este.

 

Da mucho coraje saber de la poca inversión que el Estado dominicano dedica a la prevención y recuperación de tantas personas dañadas por su sistema socio cultural y la resistencia a cambiar esta realidad desde la misma cúpula del poder que no mira para el lado de las dolencias si no son de orden empresarial, industrial y político. ¡Parece que no existimos y no necesitamos!

 

¿Podrá el Estado dominicano y su administración actual incluir programas sólidos de prevención y atención a las víctimas de tantos crímenes de discriminación, mientras se pasea atiborrada de tanto acaparar para sí?

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